No es fácil tropezarse con un equipo que lleva 21 partidos sin perder, aunque el Alcorcón acumuló la temporada pasada 24 jornadas sin conocer la derrota. Tampoco es habitual medirse a un rival que sólo ha encajado 18 tantos después de ocho meses de competición, a pesar de que en Tercera hay cuatro conjuntos que superan este registro. Pero lo que es prácticamente imposible, y más en Segunda B, es que 3.700 aficionados se metan más de 200 kilómetros entre pecho y espalda para arropar sus jugadores en el feudo de un adversario, del mayor adversario posible. Ocurrió hace dos años. Era el sentimiento. Sentimiento blanquiazul, para ser más exacto.
El domingo no habrá tantos ponferradinos en el Reino de León. Más allá de la honra, no hay nada en juego para los bercianos. Unos se echaron atrás al enterarse de que la Cultural no tenía intención de realizarle el pasillo al campeón, aunque parece que finalmente lo habrá. Otros ya piensan en los 'playoffs' de ascenso, y ahorran tiempo y dinero para tan trascendental cita. Porque tocará viajar, y mucho. Alcorcón, Barcelona, Granada y Melilla son las alternativas. Una paliza para el cuerpo y un jirón para el bolsillo, a no ser que el sorteo depare un enfrentamiento con los madrileños.
Pero la cantidad tampoco es lo más importante. Los seguidores que se desplacen a la capital, y parece que no van a ser pocos, abrumarán a los leoneses con un festival de sonido y colorido. Porque, por encima del fútbol y de las absurdas rivalidades políticas, habita un sentimiento: el sentimiento blanquiazul.
jueves, 22 de abril de 2010
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